28 de diciembre de 2009

Pablo o la vida en las pampas

- ¿Y después?
-Después, herido el cacique parece que se arrojó furioso sobre la tía Rosa, que la mordió y la pateó como una fiera, mientras la negra, sin pensar en defenderse gritaba siempre: "¡Sálvate, Lolita, sálvate, Lolita, hija mía!" Pero el miedo, el miedo, usted sabe lo que es...la niña no se movía, helada de horror, mirando con toda su alma a aquel hermoso cacique, sin brazos, todo ensangrentado, sin hallar fuerzas para huir.
- ¿Y después?- preguntó doña Marcelina con voz conmovida.
-Otros indios que robaban afuera, llegaron perseguidos por el padre y ño Gregorio, que acudió a pesar de su mal. Parece que esos otros cuando vieron a su jefe en aquél estado, sólo trataron de salvarlo, a pesar de los alaridos del cacique, que, en su lengua, les ordenaba sin duda, agarraran a la niña, lo que habrían hecho quizá si no hubieran preferido cargar en brazos a su jefe, para llevárselo, dando espantosos aullidos en señal de duelo.
-¿Y el padre?...¿Y ño Gregorio?...
-El padre, herido en la pierna y como medio dormido, aunque con los ojos abiertos, acabó por dejarse caer en la cama de su hija. De allí miraba la terrible escena sin hacer un movimiento. Mientras tanto, ño Gregorio, solo, a pesar de su edad y de su quebradura, procuraba apoderarse del cacique sin brazos, pues en el momento en que sus indios lo sacaban del cuarto para ponerlo sin duda sobre su caballo, parece que aquel demonio tuvo la horrible idea de asir con los dientes una de las trenzas de Dolores para arrastrarla consigo. Fue entonces que ño Gregorio, que trataba de cortar la trenza, recibió la lanzada de que cayó muerto.
- ¿Y Dolores?
-Dolores, arrastrada por los cabellos, de cuarto en cuarto, por el horroroso cacique que dos de sus indios llevaban cargado, daba gritos de horror que partían el alma, mientras tía Rosa, a pesar de los repetidos hachazos que pegaba sobre las trenzas, no podía conseguir cortarlas. Es cosa muy dura, unas trenzas tan gruesas como esas...
Doña Marcelina, pálida de emoción, escuchaba temblando.
-Y al fin, ¿cómo consiguió salvar a la desgraciada Dolores? -dijo después de algunos instantes.
-Viendo que ya no había esperanza de salvar a su hija, pues tía Rosa, como usted sabe, le ha dado de mamar a la niña, la negra, prefiriendo matarla a dejarla en poder de los indios, le asestó en la nuca un hachazo que casi arrancó la cabeza del tronco.
-¡Qué horror! -exclamó doña Marcelina tapándose los ojos.

1 de noviembre de 2009

sueño otoñal

allá van las fervientes dichosas oliendo a jazmín
mírenlas murmurar deliciosas la bruma de abril
bruma de abril que ha empapado la rama del árbol que en gota ha olvidado la hoja que ha muerto
y besa aquel rastro
mmh que han dejado entre brillos nocturnos de encanto
entre risas y pasos airados
allá van
las razones locas que viven en mi
locas de amar…
verso fugaz que confunde a las almas por donde ellas van

allá van desde el cante profundo si te han de mirar
llevan premios de amor al encuentro del sueño otoñal
sueño otoñal que ha venido en los brazos cansados
de aquel ser alado que ha dejado el cielo y besa aquel rastro

mmh que han dejado entre brillos nocturnos de encanto
entre risas y pasos airados
allá van las razones locas que viven en mi
locas de amar…
verso fugaz que confunde a las almas por donde ellas van

eduardo mateo, 1978

16 de agosto de 2009

cuadernos de infancia

Cierta vez se me ocurrió hacer una lista de mis manías para contemplarlas fríamente y tratar de librarme de alguna de ellas. Aunque reconocí que las más tenaces se arraigan en mis primeros años, me propuse combatir las más recientes. Ese estudio prematuro no me aportó ningún descanso, sin embargo, y durante mucho tiempo seguí envidiando a mis hermanas, quienes, al acostarse, no perdían ni un minuto, mientras que yo me pasaba las horas enteras en idas y venidas que no me aportaban ninguna utilidad ni alivio.

Cuando ejecutaba alguna cosa con orden, no era por prolijidad, sino debido al impulso obsesivo de procurarle un bienestar a cualquier objeto y, si fuese posible, que se hallase en contacto con otro similar. Los lápices de colores, las palabras recortadas, los juguetes, no conocieron ninguna soledad, pues siempre se encontraban situados uno al lado de otro, como si hablasen en secreto.

Recuerdo que la institutriz nos habituó a que ordenásemos nuestra ropa. Yo colocaba los camisones, unos encima de otros, procurando que no se rozaran con las bombachas, y nunca pude dejar una enagua sola, alejada de las otras, porque me parecía que se quedaba triste.

Antes de acostarnos debíamos de poner los juguetes en su sitio. A mi no me bastaba agrupar las muñecas, procurarles la ternura suficiente del contacto de sus brazos. Cuidaba, además, sus posturas. A veces era necesario que me levantase de noche, para ir, a escondidas, al cuatro de los juguetes y cerciorarme de que ninguna mantenía un brazo en alto, la cabeza agachada o dada vuelta hacia atrás. No hubiera podido dormir pensando en que se pasaría toda la noche con una pierna encogida, sentada de costado, en una posición incómoda. Esta costumbre me siguió mucho tiempo. Mas tarde, al visitar alguna casa donde hubiera criaturas, permanecía hasta que se hallaran acostadas para aproximarme a las muñecas, disimuladamente, y con un gesto distraído bajar un brazo, enderezar una pierna.

Nunca pude, tampoco, beber sólo un trago de agua o de cualquiera otra bebida. Era imprescindible que fueran dos, cuatro, seis. Hasta cuando me veía obligada a tomar un remedio de un sorbo, lo separaba en dos dentro de la boca, por desagradable que fuese. Con la cerveza me ocurría lo mismo; por mucha sed que tuviera, a medida que la bebía contaba los sorbos para detenerme siempre en un número par, y durante mucho tiempo, todas las noches, antes de acostarme, bebía cuatro traguitos de agua.

norah lange, 1957

20 de mayo de 2009

me secuestró un estraterrestre

me fuí con él

6 de abril de 2009

rubber soul

trivialidad comentada con medialunas
casi como cualquier excusa –cigarrillos, tasa de té- para de cuando en cuando rozar tus dedos y sentir tus rutas
instrumentos comunicativos junto a los míos
quiero que me desnudes sin tocar mi vestido
y sin tus manos
quiero ver mis adentros junto a los tuyos

música viva y algo recalentada
comportamiento banal azúcar un poco de mi risa
miguitas

tengo ganas de desenvolverte

24 de febrero de 2009

Buenos Aires

..me das miedo.

17 de febrero de 2009

like cheshire cat

12 de febrero de 2009

de caracol el pensamiento

de poeta el corazón

10 de febrero de 2009

figuraciones

Dejar de ser vos para transformarte en él y hacerlo mío, creyéndome suya.

Vover a ser vos para mirarnos, a escondidas, cuando estoy con el.